Las orcas tienen fama de cazadoras meticulosas: planifican, se coordinan y aprovechan cada ventaja del entorno. Por eso, cuando un equipo de científicas empezó a ver a delfines nadando junto a un grupo de ballenas asesinas en aguas de Columbia Británica (Canadá), algo no encajaba con la imagen clásica de “cada especie a lo suyo”. Lo habitual, cuando dos depredadores coinciden, es que compitan por el mismo recurso o se toleren a distancia. Aquí ocurría otra cosa: se movían como si compartieran un guion.
La ecóloga marina Sarah Fortune, de la Universidad de Dalhousie, llevaba tiempo observando a estas orcas especializadas en peces. Con su equipo notó un patrón repetido: orcas y delfines no parecían perseguir “cada uno su pez” a la vez, como en una carrera desordenada. Había indicios de organización. Esa palabra, en biología del comportamiento, es casi una invitación a mirar más de cerca, porque puede esconder cooperación real… o una simple coincidencia que nuestro cerebro convierte en historia.
La pregunta clave: ¿compañeros de caza o coincidencia inteligente?
El planteamiento fue directo: si ambos grupos se desplazan juntos de forma consistente y las orcas capturan salmón en esos encuentros, ¿podría haber algún tipo de caza cooperativa? La idea no es descabellada si pensamos en el mar como un vecindario con “radios” distintas. Los delfines exploran con ecolocalización, como quien va por una casa oscura usando una linterna potente que rebota en las paredes. Las orcas también pueden aprovechar señales acústicas y pistas del movimiento del agua, pero tener cerca a un conjunto de “linternas” extra podría facilitar detectar presas escurridizas.
Aun así, cooperación no significa “alianza consciente”. A veces basta con que dos especies se beneficien de estar cerca sin necesidad de pactos. Un ejemplo cotidiano sería seguir a alguien que parece saber dónde está el restaurante abierto a medianoche: tú no le has pedido ayuda, pero aprovechas su dirección. En ecología, eso puede ocurrir con sorprendente frecuencia.
Tecnología para mirar donde antes era imposible
Para salir del terreno de la intuición, el equipo desplegó una combinación de herramientas que están cambiando la investigación de mamíferos marinos. Usaron drones para registrar desde arriba la posición y la sincronía de los animales, algo crucial cuando se sospecha coordinación. También emplearon un dispositivo que emite pulsos sonoros y analiza los ecos para detectar si había peces cerca, una forma de “sonar” que permite confirmar si el escenario era compatible con una persecución de salmones.
La pieza más reveladora fue otra: colocaron etiquetas con ventosas en nueve orcas. Estas tags incluían cámaras y registradores de audio y video submarino, además de sensores para seguir movimientos y profundidades. Es el equivalente a ponerle a un atleta una cámara en el pecho y un reloj deportivo avanzado: no solo ves el partido desde la grada, también sientes el ritmo desde dentro.
Lo que se observó: seguir, sincronizar y cazar
Durante cuatro días de observación, apareció un patrón que llamó la atención por su repetición. Las orcas realizaron inmersiones profundas siguiendo a los delfines en 25 ocasiones. La interpretación propuesta por las investigadoras es sugerente: las orcas podrían estar “escuchando” las señales de ecolocalización de los delfines y usando esa información como si fueran exploradores. Si el salmón intenta evitar a un depredador, tener a varios animales “escaneando” con sonar natural aumenta la probabilidad de mantener la pista.
Desde el dron se vio, en cientos de momentos, a los delfines nadando cerca de la cabeza de las orcas. Ese detalle importa porque la posición en el grupo es una especie de lenguaje. No es lo mismo viajar “por ahí” que colocarse justo donde un compañero suele recibir la información más útil. En paralelo, cada interacción registrada coincidió con un contexto de alimentación: las orcas estaban cazando, matando o consumiendo salmón. No eran encuentros sociales al azar ni simples trayectos compartidos.
Reparto de comida y beneficios cruzados
El comportamiento alrededor de la presa también encaja con una relación de conveniencia mutua. En cuatro de las ocho ocasiones en que las orcas compartían el salmón capturado, los delfines estaban presentes. En una de esas escenas se les vio comer restos. Este tipo de “aprovechamiento” tiene lógica biológica: un delfín no siempre puede gestionar un salmón adulto entero de la misma manera que una orca, pero sí puede beneficiarse de fragmentos o sobras.
Para las orcas, el incentivo podría ser la eficiencia. Si localizar bancos de salmón es el cuello de botella —esa parte del trabajo que más tiempo consume—, contar con delfines que detectan con precisión y rapidez puede ser como ir a hacer la compra con alguien que conoce el supermercado de memoria: reduces vueltas inútiles por los pasillos.
El equipo también plantea otra posible ventaja para los delfines: estar cerca de orcas pescadoras podría ofrecer cierta protección frente a otras orcas que sí podrían representar un riesgo. No es una garantía, pero en el océano, la compañía a veces funciona como un paraguas social: no evita la tormenta, pero disuade a quien busca problemas.
¿Cooperación intencional? La ciencia se mueve con matices
Una parte importante de esta historia es lo que todavía no se puede afirmar. Heather Hill, especialista en mamíferos marinos de la Universidad de St. Mary’s (Texas), subrayó que existen numerosos casos de coordinación entre especies para buscar alimento, incluidos los mamíferos marinos. Aun así, que dos animales se beneficien no implica necesariamente un acuerdo “consciente” o una estrategia compartida con intención.
Aquí la palabra que manda es “posiblemente”. Puede que estemos ante una colaboración flexible en la que cada especie hace lo suyo, pero la coincidencia repetida genera ventajas. Puede que los delfines se acerquen porque las orcas aumentan la disponibilidad de restos. Puede que las orcas toleren la compañía porque no estorba y, de paso, ofrece señales útiles. En comportamiento animal, esa frontera entre cooperación y oportunismo es fina y fascinante.
Por qué estas observaciones importan más de lo que parece
Este tipo de hallazgos no solo añade una anécdota curiosa a la lista de “cosas sorprendentes del mar”. Obliga a repensar cómo definimos las relaciones entre depredadores. Tendemos a imaginar el océano como compartimentos: especies que compiten o especies que no se cruzan. La realidad se parece más a una ciudad: hay alianzas temporales, coincidencias por horarios y oportunidades que surgen cuando dos “profesiones” distintas se encuentran.
También destaca el papel de la tecnología. Hill lo plantea como una puerta que se abre: drones, cámaras submarinas y sensores están permitiendo ver conductas que antes quedaban ocultas bajo la superficie. Lo que parecía raro quizá era simplemente invisible.
El estudio fue reportado por Fortune y su equipo en Scientific Reports en diciembre de 2025, y difundido por Science News a finales de ese mismo mes. Más allá del titular, el mensaje es sobrio: hay indicios consistentes de que orcas y delfines pueden coordinarse alrededor de la caza de salmón, y la ciencia ahora tiene herramientas para medir esa coordinación con más precisión.
