Neuralink pone el foco en 2026: producción a gran escala, cirugía más automatizada y el reto de devolver movilidad y visión

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Elon Musk volvió a colocar a Neuralink en el centro de la conversación tecnológica con un mensaje claro: la compañía cree que está más cerca de lograr interfaces que ayuden a recuperar funciones perdidas por lesiones neurológicas. Según sus publicaciones en X y lo recogido por Times of India, Musk dice sentirse “confiado” en que la funcionalidad corporal completa podría ser posible desde un punto de vista físico, si se logra “puentear” el punto donde los nervios están dañados, como ocurre en algunas lesiones de médula espinal.

La idea, explicada de forma sencilla, se parece a cuando un teclado deja de funcionar por un cable cortado. Si el cable que conecta teclado y ordenador está roto, una opción es crear un camino alternativo: una ruta nueva que permita que la señal vuelva a llegar. Neuralink plantea hacer algo equivalente con señales neuronales: captarlas en el cerebro y enviarlas a sistemas que permitan convertir esa intención en acción.

Musk también habló de un cambio industrial importante: en 2026, Neuralink aspira a iniciar producción a gran escala de dispositivos de interfaz cerebro-computadora y a avanzar hacia un procedimiento quirúrgico “casi completamente automatizado”. La ambición combina dos mundos que no siempre conviven bien: la neurociencia, que exige precisión clínica, y la fabricación, que exige repetibilidad.

Cómo funciona el implante y qué se sabe del dispositivo N1

Neuralink trabaja con un implante cerebral que se integra en el cráneo y se conecta al tejido cerebral mediante hilos ultrafinos con electrodos. La metáfora útil aquí es la de un micrófono muy sensible, colocado donde se “escuchan” las señales del cerebro. Ese micrófono no oye palabras, sino patrones eléctricos; luego, un sistema interpreta esos patrones para traducirlos en comandos.

Según la información publicada por la propia empresa, el implante N1 incluye 1.024 electrodos distribuidos en 64 hilos. Ese detalle importa porque la calidad de una interfaz de este tipo depende, entre otras cosas, de cuántos puntos de lectura se tengan y de lo estables que sean con el paso del tiempo. Cuantos más “píxeles” tenga esa lectura, más finos pueden ser los controles, aunque en biología no todo mejora por sumar números: el cuerpo reacciona, el tejido cambia, la señal puede variar.

En el texto difundido y citado por Times of India, también se menciona que el implante reemplaza una pequeña pieza de hueso y que los hilos atraviesan la duramadre, con el objetivo de evitar retirarla. En términos cotidianos, es como intentar instalar un cableado nuevo sin levantar todo el suelo: se busca una intervención menos agresiva, pero técnicamente más exigente.

De la corteza motora a la médula espinal: la promesa de “funcionalidad corporal”

El punto central del anuncio se sitúa en la corteza motora, una región del cerebro implicada en la planificación y ejecución del movimiento. Cuando la médula espinal se lesiona, el cerebro puede seguir “enviando” la orden, pero esa orden no llega a destino. El concepto que describe Musk es construir una especie de puente de comunicación desde el cerebro hacia sistemas que puedan activar dispositivos o, en un escenario más ambicioso, estimular rutas neurales para recuperar movimiento.

Dicho así suena directo, pero hay matices. “Recuperar funcionalidad” puede significar cosas muy distintas: desde controlar un cursor o un brazo robótico, hasta activar músculos mediante estimulación. Son niveles de complejidad diferentes. Mover un puntero en una pantalla se parece a aprender un nuevo gesto con un mando; volver a coordinar un cuerpo entero implica sincronía, retroalimentación sensorial y seguridad. Es la diferencia entre tocar una nota en un piano y tocar una pieza completa con ambas manos.

Neuralink y otros actores del sector han mostrado avances en control de dispositivos, y ese tipo de progreso suele ser incremental: cada mejora de señal, cada ajuste de algoritmo, cada refinamiento quirúrgico cuenta. En el anuncio se sugiere que cualquier dispositivo controlable por ordenador o teléfono podría controlarse con un implante. La afirmación funciona como visión de producto, aunque en la práctica el salto de una demostración a un uso cotidiano exige superar barreras de fiabilidad y estandarización.

Producción a gran escala y cirugía automatizada: cuando el laboratorio se convierte en fábrica

Hablar de producción a gran escala en neurotecnología no es solo fabricar más unidades; es fabricar con calidad constante, trazabilidad, esterilización, control de materiales y procesos compatibles con regulación sanitaria. Es parecido a pasar de cocinar para una cena familiar a servir miles de menús diarios sin que cambie el sabor ni la seguridad alimentaria.

La idea de una cirugía automatizada añade otra capa. Neuralink ya ha mostrado en el pasado un robot quirúrgico diseñado para colocar hilos finísimos con precisión. Dar el paso hacia procedimientos más automatizados puede ayudar a reducir variabilidad entre cirujanos y a mejorar tiempos, aunque también obliga a demostrar robustez frente a escenarios reales: anatomías diferentes, pequeños sangrados, movimientos involuntarios, imprevistos.

En 2026, si Neuralink logra escalar, el interés no estará solo en el anuncio, sino en métricas concretas: tasas de complicaciones, duración del implante, estabilidad de señal, facilidad de calibración, soporte clínico y experiencia del paciente. La tecnología médica se gana la confianza como un electrodoméstico que “simplemente funciona”, pero con el estándar de seguridad de un avión.

Blindsight y la visión artificial: expectativas realistas sin perder de vista el potencial

El mismo paquete de noticias incluye Blindsight, un proyecto orientado a restaurar visión mediante una interfaz en la corteza visual. Times of India señala que recibió la designación de “breakthrough device” por parte de la FDA en septiembre de 2024. Este tipo de designaciones buscan facilitar interacciones y acelerar ciertos procesos regulatorios para tecnologías que podrían atender necesidades médicas no cubiertas, sin que eso equivalga automáticamente a aprobación comercial.

Musk afirmó que Blindsight podría ayudar a personas con pérdida total de visión, incluso a quienes nunca han visto, siempre que la corteza visual esté intacta. También pidió ajustar expectativas: al inicio, la visión sería de baja resolución, comparándola con gráficos tipo Atari. Esa comparación es útil porque baja el discurso al terreno real: antes de soñar con “visión sobrehumana”, hay que conseguir algo que sea funcional para orientarse, distinguir formas, identificar obstáculos o leer señales simples.

La parte más futurista aparece cuando se sugiere que, con el tiempo, podría superarse la visión humana y llegar a percibir infrarrojo o ultravioleta, como si se añadieran “modos” a unos ojos biológicos. Es un buen ejemplo de cómo se mezclan dos tiempos distintos en la misma frase: el tiempo de la ingeniería, que avanza iterando, y el tiempo del imaginario popular, que salta al resultado final. Entre ambos, normalmente hay años de pruebas, calibración y validación clínica.

Ensayos, financiación y la pregunta inevitable: seguridad, privacidad y acceso

El texto recogido por Times of India menciona que Neuralink había implantado su dispositivo en 12 pacientes a septiembre de 2025. También señala una ronda de financiación Serie E de 650 millones de dólares, con inversores como ARK Invest, Sequoia Capital y Founders Fund, y una valoración aproximada de 9.000 millones. Estos datos ayudan a entender el músculo financiero detrás del plan: escalar hardware médico y ensayos clínicos es costoso, y cada iteración exige equipos multidisciplinares.

Aun con recursos, hay preguntas que conviene mantener en primer plano. La primera es seguridad: infecciones, respuesta del tejido, estabilidad de los electrodos, efectos a largo plazo. La segunda es privacidad: una interfaz cerebro-computadora trata señales íntimas; no “lee pensamientos” como en ciencia ficción, pero sí puede inferir intenciones motoras y patrones. Eso exige políticas claras de datos, ciberseguridad y control por parte del usuario.

La tercera es acceso. Si la tecnología funciona, ¿quién podrá usarla? ¿Qué sistemas sanitarios la cubrirán? En salud, la brecha no suele estar en la promesa, sino en la logística y el coste. La cuarta es ética clínica: seleccionar pacientes, comunicar riesgos, manejar expectativas, evitar que el marketing se coma a la medicina.

Qué observar en 2026 si Neuralink cumple su hoja de ruta

Si 2026 es el año de la producción a gran escala y de una cirugía más automatizada, el seguimiento serio se apoyará en hechos verificables: resultados clínicos publicados, detalles de seguimiento a largo plazo, transparencia sobre eventos adversos, interacción con reguladores y comparaciones con otros enfoques del sector. En neurotecnología, el éxito rara vez llega como un salto mágico; suele parecerse más a aprender a andar en bici: primero con ruedas de apoyo, luego con tropiezos, después con control real. Lo interesante es medir cuánto control se gana en cada etapa y cuánta seguridad se mantiene en el proceso.

Neuralink, por su perfil público y el de Musk, genera titulares con facilidad. El reto está en convertir titulares en herramientas médicas confiables, que mejoren la vida diaria de personas con lesión medular o discapacidad visual sin prometer más de lo que la evidencia sostiene.