Japón prueba un arma láser naval de 100 kW: cómo funciona y por qué el mar es la gran prueba de fuego

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Japón ha dado un paso llamativo en el terreno de las armas de energía dirigida con la instalación de un sistema de láser de 100 kilovatios en un buque de pruebas, el JS Asuka. La idea suena a ciencia ficción, pero el objetivo es muy terrenal: mejorar la defensa antiaérea frente a amenazas pequeñas, rápidas y cada vez más comunes, como drones comerciales adaptados, municiones merodeadoras o incluso proyectiles de mortero. Según comunicó la agencia japonesa ATLA (Acquisition, Technology and Logistics Agency) el 2 de diciembre de 2025, el sistema ya está integrado en el barco y preparado para afrontar pruebas en el mar bajo condiciones reales.

La promesa es tentadora: en vez de lanzar un misil caro para derribar un dron relativamente barato, se busca un “disparo” que, en términos de coste por uso, se parezca más a encender un electrodoméstico potente que a gastar una munición sofisticada. Esa comparación tiene matices, claro, pero ayuda a entender por qué tantas marinas miran hacia los láseres.

Qué es exactamente un láser naval de 100 kW

Cuando se habla de 100 kW, no se está describiendo una energía total como si fuera “una explosión”, sino una potencia: cuánta energía se entrega por unidad de tiempo. En la práctica, un láser así puede concentrar calor en un punto muy pequeño durante un periodo corto, lo suficiente para dañar sensores, debilitar superficies o perforar partes expuestas. La pieza clave en el caso japonés es que no se trata de un único emisor gigantesco, sino de un sistema que combina varias fuentes.

De acuerdo con la información divulgada por Live Science y la propia ATLA, este arma integra 10 láseres de 10 kW que se combinan para formar un haz de 100 kW. El sistema se instaló en dos módulos tipo contenedor, con estructuras abovedadas visibles, como si fueran “dos cúpulas” técnicas que protegen y estabilizan el equipo. En el mundo naval, ese formato modular tiene sentido: facilita integrar, mover, probar y ajustar sin rediseñar medio barco.

La tecnología: fibra láser como “manguera” de luz

El sistema japonés es un láser de fibra. Si un láser convencional puede recordarnos a una linterna muy refinada, la fibra láser se parece más a una manguera diseñada para guiar y amplificar luz dentro de un hilo de vidrio especial. Ese “hilo” está dopado con elementos de tierras raras que permiten amplificar la señal luminosa: la luz entra, se estimula dentro de la fibra y sale reforzada, muy alineada y fácil de dirigir.

Una forma cotidiana de imaginarlo es pensar en una autopista para fotones: en lugar de que la luz “se derrame” en todas direcciones, se mantiene confinada y disciplinada, lista para ser enfocada con precisión. Esto aporta ventajas prácticas: compacidad, buena calidad de haz y una arquitectura que escala combinando emisores más pequeños, que es justo la estrategia de Japón al sumar 10 unidades.

Por qué el blanco típico son drones y amenazas ligeras

Un láser naval no pretende sustituir todos los sistemas de armas del barco. Se perfila como una herramienta especializada, casi como el “destornillador adecuado” para un tipo concreto de tornillo: amenazas ligeras, cercanas y relativamente frágiles. Un dron, por ejemplo, puede caer si se le quema un motor, se daña una hélice, se perfora una carcasa de batería o se inutiliza su cámara y electrónica. No siempre hace falta “partirlo en dos”; a veces basta con dejarlo ciego o inestable.

En pruebas en tierra, responsables citados por The Asia Live indicaron que el sistema fue eficaz contra vehículos aéreos no tripulados y también contra rondas de mortero. Esto encaja con el papel de “última capa” defensiva: un recurso rápido para amenazas que aparecen de golpe y no justifican gastar munición de alto coste, o cuando se quiere reservar misiles para blancos más peligrosos.

La gran dificultad: disparar desde una cubierta que se mueve

El siguiente capítulo es el más interesante porque deja atrás el laboratorio. Las pruebas en el mar previstas a partir de finales de febrero de 2026 (según el seguimiento de tecnología naval que atribuye la fecha a la cuenta @AGChatch) buscan comprobar algo que en tierra es mucho más sencillo: mantener el haz sobre el objetivo cuando todo alrededor se mueve. Un barco cabecea, balancea y vibra. El aire sobre el mar cambia con humedad, sal, bruma, lluvia y ráfagas de viento. La luz, que en el vacío sería un “puntero perfecto”, en la atmósfera sufre dispersión y turbulencias.

Aquí la metáfora útil es la de escribir con un rotulador sobre un papel que alguien está agitando. No basta con tener un rotulador potente: hace falta un sistema de estabilización, seguimiento y control fino para “dibujar” energía donde toca durante el tiempo necesario. Por eso el mar es una prueba de fuego: obliga a demostrar precisión sostenida, no solo potencia máxima.

“Munición infinita” y coste por disparo: la idea que seduce

Uno de los conceptos que más se repiten en este tipo de programas es el de “cargador infinito” o, como lo describieron en una sesión informativa recogida por The Asia Live, una profundidad de munición prácticamente ilimitada mientras haya energía disponible. Es una frase potente porque responde a un problema real: un buque puede quedarse sin interceptores tras un ataque saturado, y recargar misiles en medio de una operación no es trivial.

Con un láser, el recurso crítico no es el número de proyectiles en un almacén, sino la capacidad eléctrica del barco y su gestión térmica. El coste por disparo baja en comparación con interceptores cinéticos, sobre todo si hablamos de blancos baratos que buscan precisamente agotar defensas caras. Dicho de forma sencilla: si te lanzan “muchas avispas”, no siempre quieres gastar “balas de oro”.

El peaje técnico: energía, refrigeración y eficiencia real

El entusiasmo tiene frenos. Los láseres de fibra no convierten toda la energía eléctrica en energía útil del haz. En cifras habituales, su eficiencia puede rondar un rango que a menudo se cita entre el 25% y el 35%, lo que implica que una parte importante se convierte en calor. Ese calor hay que sacarlo del sistema, y en un barco el espacio, el peso y la seguridad importan tanto como la potencia.

También aparece el problema del ritmo de fuego. Aunque se hable de “disparar sin munición”, muchos sistemas necesitan tiempos de recarga térmica o limitaciones de continuidad para no sobrecalentarse. Es parecido a exprimir una batidora industrial: puede ser muy potente, pero si la usas al máximo sin pausa, acabas gestionando calor, consumo y desgaste.

Por eso ATLA ha señalado que el despliegue operativo todavía está a años vista. Estas pruebas sirven para medir, con datos reales, cuánto se degrada el rendimiento con humedad, salinidad y movimiento, y qué tamaño de planta eléctrica y refrigeración hace falta para pasar de prototipo a arma de servicio.

El contexto global: quién más compite en armas de energía dirigida

Japón no está solo. En el grupo de países con programas confirmados suelen citarse Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido, con China frecuentemente mencionada como actor probable tras imágenes no oficiales que circularon en 2024 sobre un supuesto sistema láser embarcado. Live Science sitúa a Japón en esa lista de naciones que están empujando esta tecnología, y el ejemplo británico ayuda a entender el estado del arte: el sistema DragonFire anunció pruebas de campo exitosas derribando drones en el Reino Unido, un hito que suele presentarse como demostración de viabilidad fuera del laboratorio.

La lectura estratégica es clara: las amenazas baratas y masivas, especialmente drones, están cambiando la ecuación. Los láseres prometen respuesta rápida, precisión y un coste por uso más sostenible, siempre que la ingeniería naval pueda absorber sus exigencias.

Qué puede venir después: ¿misiles en el punto de mira?

Una pregunta inevitable es si un láser de 100 kW puede llegar a interceptar misiles. En general, eso exige más potencia, mejor calidad de haz, tiempos de permanencia sobre el blanco muy controlados y sensores de seguimiento de primer nivel. ATLA ha indicado, según The Asia Live, que estos ensayos ayudarán a evaluar si un sistema más potente podría servir para amenazas mayores en el futuro.

En paralelo, el calendario de integración en buques de nueva generación también cuenta. Naval News ha señalado que los únicos despliegues públicamente programados de un láser naval en Japón se asocian a futuras plataformas con Aegis, previstas para entrar en servicio después de 2032. Eso ilustra el ritmo real de adopción: la tecnología avanza, pero convertirla en una capacidad estable, mantenible y segura en un entorno operativo lleva tiempo.