La colonoscopia ha sido, durante décadas, el método más fiable para detectar problemas en el intestino grueso, como la colitis o el cáncer colorrectal. Sin embargo, el miedo al procedimiento, la preparación previa y el malestar asociado hacen que muchas personas eviten este examen, a pesar de su eficacia. La ciencia busca desde hace tiempo una forma menos invasiva de evaluar la salud intestinal, y un nuevo desarrollo podría marcar un antes y un después en esta búsqueda.
Un grupo de investigadores liderado por Ying Zhou, Bang-Ce Ye y Zhen-Ping Zou ha diseñado una píldora microscópica que brilla en presencia de sangre, permitiendo detectar afecciones intestinales sin necesidad de introducir una cámara en el cuerpo. Esta innovación, presentada recientemente en la revista ACS Sensors, abre la puerta a diagnósticos rápidos y no invasivos mediante un sensor bacteriano encapsulado en una pequeña esfera que se traga como cualquier otro medicamento.
Bacterias como centinelas intestinales
La clave de esta tecnología está en el uso de bacterias modificadas genéticamente para detectar hemo, una sustancia presente en la sangre. Cuando estas bacterias entran en contacto con el hemo, emiten luz, haciendo visible la presencia de sangrado intestinal. Pero no se trata de bacterias sueltas, sino encapsuladas dentro de microesferas de hidrogel hechas con alginato de sodio, un ingrediente común en la industria alimentaria.
Estas microesferas, del tamaño de pequeñas gotas, también contienen partículas magnéticas que permiten recuperarlas fácilmente una vez que han pasado por el tracto digestivo. Basta con aplicar un imán sobre una muestra fecal para atraer las esferas y analizarlas. El proceso completo, desde la ingesta hasta la detección de la señal luminosa, puede completarse en apenas 25 minutos tras la recuperación de la muestra.
Pruebas en ratones y resultados prometedores
Para comprobar la eficacia de estas píldoras luminiscentes, el equipo las administró a ratones con distintos niveles de colitis. Al pasar por el sistema digestivo de los animales, las esferas reaccionaron según la cantidad de sangre presente, mostrando una intensidad lumínica proporcional a la severidad de la enfermedad. Cuanto más avanzada estaba la inflamación, más brillaban las bacterias.
Este comportamiento no solo confirma la capacidad del sensor para detectar sangrado, sino también su utilidad para medir la progresión de la enfermedad. En ratones sanos, las esferas no mostraron señales alarmantes, lo que sugiere que el sistema es seguro y biocompatible.
Una herramienta con potencial múltiple
Aunque esta tecnología se encuentra todavía en fase experimental y no ha sido probada en humanos, sus posibilidades van más allá de detectar colitis. Las bacterias encapsuladas podrían modificarse para responder a otros marcadores biológicos asociados a distintas enfermedades del tracto digestivo. Por ejemplo, podrían programarse para detectar ciertos tipos de toxinas, cambios en el pH o la presencia de patógenos específicos.
Es como si se pudiera enviar un equipo de «detectives microscópicos» a patrullar el intestino en busca de pistas que indiquen si algo va mal, y luego recuperarlos para leer el informe completo. Esta idea podría también servir para monitorear tratamientos y ver en tiempo real si están funcionando.
Limitaciones actuales y retos a futuro
Aunque el avance es emocionante, no está exento de críticas ni de límites. Una de las preocupaciones es que este tipo de diagnóstico podría detectar el problema cuando ya está presente el sangrado, es decir, en etapas más avanzadas de algunas enfermedades como el cáncer colorrectal. Esto lo haría menos efectivo que una colonoscopia para la detección temprana de pólipos, que muchas veces no sangran.
La colonoscopia no solo diagnostica, sino que permite intervenir en el mismo procedimiento, eliminando pólipos y tomando muestras. Esta doble función sigue siendo una ventaja importante frente a las píldoras sensores, al menos por ahora.
Por otro lado, el equipo deberá demostrar que el sensor funciona igual de bien en humanos, con su diversidad de dietas, microbiomas y condiciones digestivas. A esto se suma la necesidad de garantizar que las bacterias modificadas no generen riesgos inesperados ni alteren el equilibrio intestinal.
Diagnóstico con menor impacto y mayor accesibilidad
Pese a estas barreras, el desarrollo de esta pastilla diagnóstica no invasiva representa una nueva forma de pensar la medicina digestiva. Podría facilitar la detección de enfermedades intestinales en personas que no pueden o no desean someterse a colonoscopias, y aumentar la frecuencia de chequeos sin que eso implique molestias.
Si la tecnología se perfecciona, podría integrarse en estrategias de salud pública para el monitoreo de enfermedades intestinales a gran escala, especialmente en zonas con acceso limitado a equipos médicos especializados. Imaginar una prueba de salud intestinal tan sencilla como tomar una píldora y recoger una muestra podría ser una realidad en los próximos años.
