En un reactor de fusión nuclear el combustible no se quema como en una caldera; se “cocina” en forma de plasma, un gas tan caliente que los electrones se separan de los núcleos. Para que dos núcleos ligeros lleguen a fusionarse tienen que chocar con frecuencia y con la energía adecuada. Es como intentar que… Continúa leyendo »
China logra superar el “techo” de densidad del plasma en su tokamak EAST: por qué importa y qué viene ahora
En un reactor de fusión nuclear el combustible no se quema como en una caldera; se “cocina” en forma de plasma, un gas tan caliente que los electrones se separan de los núcleos. Para que dos núcleos ligeros lleguen a fusionarse tienen que chocar con frecuencia y con la energía adecuada. Es como intentar que en una fiesta, con la música muy alta y la luz tenue, la gente se encuentre y se ponga a bailar en pareja: cuanta más gente por metro cuadrado, más probable es que ocurra… siempre que el local no se vuelva caótico.
Ahí entra el famoso límite de Greenwald, una referencia empírica que, desde finales del siglo XX, ha funcionado como una especie de “aforo máximo” para la densidad de plasma en tokamaks. Al acercarse a ese límite, la experiencia acumulada decía que el plasma tendía a volverse inestable: aparecen perturbaciones, el confinamiento magnético se degrada y el rendimiento cae. No es una ley física escrita en piedra, pero sí una frontera muy práctica que ha guiado diseños y expectativas durante décadas. Continúa leyendo «China logra superar el “techo” de densidad del plasma en su tokamak EAST: por qué importa y qué viene ahora»