Imagina lanzar una botella al mar y esperar más de 50 años para ver dónde acaba. Algo parecido está por suceder con un antiguo satélite ruso, el Kosmos 482, que lleva desde 1972 orbitando silenciosamente nuestro planeta. Esta reliquia de la era soviética está a punto de regresar a la Tierra… pero lo inquietante es que nadie sabe dónde caerá.