Los cables submarinos de internet son el sistema nervioso central de la comunicación global, responsables del 99 % de las comunicaciones digitales transcontinentales. A pesar de su vital importancia, estos cables de fibra óptica, del grosor de una manguera de jardín, son extremadamente vulnerables a daños accidentales y actos de sabotaje. Los recientes incidentes en el mar Báltico, donde cables entre Lituania, Suecia, Finlandia y Alemania sufrieron cortes, han encendido las alarmas sobre la fragilidad de esta infraestructura crítica.