Durante décadas, los diagnósticos en salud mental se han basado casi exclusivamente en el relato del paciente y la interpretación clínica de un profesional. Este método, aunque ha permitido avances significativos en el tratamiento de enfermedades mentales, presenta una limitación crucial: la subjetividad. Lo que un paciente narra está filtrado por su percepción, lenguaje, cultura y contexto, mientras que la interpretación del especialista está influida por su formación, experiencia y hasta por sus propias creencias. Esta combinación subjetiva hace que diagnósticos como la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia varíen incluso entre distintos profesionales.