La principal barrera para expandir la energía solar en ciudades no es el coste de los paneles. Es el espacio. Los paneles fotovoltaicos convencionales necesitan superficies planas orientadas al sur, lo que en una ciudad densa —donde el suelo cuesta una fortuna y los tejados ya están saturados— es un bien escaso. Los edificios, en cambio, tienen miles de metros cuadrados de superficie en sus fachadas y ventanas. El problema es que esa superficie tiene que dejar pasar la luz. Nadie quiere trabajar en una oficina oscura por culpa de los paneles solares. Continúa leyendo «Células solares en el cristal de tu ventana: investigadores de Singapur crean láminas de 10 nanómetros casi invisibles que generan electricidad»