Imagínate tener una cámara tan rápida que pueda capturar el movimiento de algo tan pequeño y veloz como un electrón. Es como tener un superpoder, pero en el mundo de la ciencia. Pues bien, esto ya es una realidad gracias a un equipo de físicos de la Universidad de Arizona, que ha desarrollado el microscopio más rápido del mundo, capaz de congelar el tiempo a una escala de un attosegundo. Para ponerlo en perspectiva, un attosegundo es una quintillonésima parte de un segundo, lo que significa que en un segundo caben tantos attosegundos como segundos han pasado desde que el universo existe… dos veces. Es alucinante, ¿verdad?