¿Te has fijado alguna vez en esa extraña conexión entre un estornudo mal calculado y una carcajada espontánea? Yo creo que ahí se esconde uno de los secretos más fascinantes de nuestro cerebro. Cuando alguien estornuda de manera inesperada y sonora, algo mágico sucede en nuestra neuroquímica: se dispara un cóctel de sustancias que nos hace reír sin control.
En mi opinión, esto no es casualidad. Nuestro cerebro está programado para encontrar humor en lo inesperado, y un estornudo inoportuno es la definición perfecta de sorpresa involuntaria.
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