Hace 540 millones de años, la Tierra era un lugar muy diferente. El océano, aunque lleno de vida, estaba sumido en la oscuridad. No porque no hubiera luz, sino porque no existía la capacidad de ver. La luz del sol llegaba hasta el fondo del océano y los ventiladores hidrotermales iluminaban el lecho marino, pero no había ojos para captar esa luz. No existían retinas, ni córneas, ni lentes.
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