El café tostado esconde moléculas que frenan la digestión de azúcares: lo que ha encontrado la ciencia

Cuando pensamos en café tostado, solemos quedarnos en lo obvio: cafeína, aroma, ese empujón para arrancar el día. La investigación reciente sugiere que, desde el punto de vista químico, una taza se parece menos a un “ingrediente” y más a un “mercado lleno de puestos”: cientos de compuestos distintos conviviendo, algunos muy abundantes y otros tan discretos que pasan desapercibidos si no se buscan con las herramientas adecuadas.

Un trabajo firmado por el equipo de Minghua Qiu en el Kunming Institute of Botany (Academia China de Ciencias) y publicado en Beverage Plant Research se propuso justamente eso: mirar dentro del café tostado con una estrategia rápida y guiada por actividad biológica. El objetivo era encontrar compuestos capaces de inhibir α-glucosidasa, una enzima clave en la digestión de carbohidratos y, por extensión, en el control de los picos de glucosa tras las comidas. Hablamos de un mecanismo que se utiliza también en fármacos para la diabetes tipo 2, como la acarbosa. Continúa leyendo «El café tostado esconde moléculas que frenan la digestión de azúcares: lo que ha encontrado la ciencia»

Un “tartamudeo” en el genoma que crece con la edad y puede anticipar enfermedades graves

Si imaginamos el ADN como un libro de instrucciones, hay fragmentos que no son frases largas y variadas, sino sílabas muy cortas que se repiten una y otra vez, como cuando en una fotocopiadora se queda atascado un patrón y empieza a duplicarlo sin parar. Esas zonas, llamadas repeticiones cortas de ADN (o repeticiones en tándem), están en la mayoría de genomas humanos y, por lo general, se mantienen dentro de un rango “seguro”.

El problema aparece cuando esas repeticiones se alargan con el tiempo. Un nuevo análisis a gran escala sugiere que este alargamiento, conocido como expansión de repeticiones de ADN, no es una rareza limitada a unos pocos trastornos hereditarios: es un fenómeno frecuente que se acumula con la edad en sangre y que, en algunas personas, puede avanzar mucho más rápido por motivos genéticos. El trabajo, liderado por equipos de UCLA, el Broad Institute y Harvard Medical School, se ha publicado en Nature con el título “Insights into DNA repeat expansions among 900,000 biobank participants” (DOI: 10.1038/s41586-025-09886-z). Continúa leyendo «Un “tartamudeo” en el genoma que crece con la edad y puede anticipar enfermedades graves»

El coste invisible de los wearables sanitarios: cuando un parche también deja huella en el planeta

Los dispositivos wearables de salud se han vuelto casi cotidianos: parches que siguen la glucosa, bandas pectorales que registran el ritmo cardiaco, tensiómetros “inteligentes”, relojes que vigilan constantes y hasta parches de ultrasonido pensados para pruebas rápidas. Su promesa es clara: medir sin parar para detectar antes, ajustar tratamientos y dar tranquilidad a pacientes, mayores, deportistas o personas que simplemente quieren entender mejor su cuerpo.

Esa utilidad tiene un reverso menos visible. Por pequeños que parezcan, estos aparatos son electrónica avanzada: semiconductores, placas de circuito, baterías, adhesivos, polímeros y, en algunos casos, metales valiosos. Todo eso se fabrica, se transporta, se usa y se desecha. Y cada paso suma una huella de carbono y otros impactos ambientales que no se ven en la app.

Un equipo de la Universidad de Chicago y Cornell University se propuso cuantificar ese coste ecológico con un enfoque completo, de “cuna a tumba”. Sus resultados, publicados en Nature y difundidos por Phys.org, apuntan a un problema que crece a medida que estos sistemas se convierten en infraestructura sanitaria digital: si el consumo global despega como se espera, el impacto agregado deja de ser anecdótico. Continúa leyendo «El coste invisible de los wearables sanitarios: cuando un parche también deja huella en el planeta»

Sensores “diseñados” por IA para detectar cáncer antes: cómo CleaveNet convierte proteasas en una señal medible en casa

Hay una idea simple detrás de muchos avances médicos: cuanto antes se detecta un problema, menos “caro” es arreglarlo. En cáncer, esa regla suele cumplirse con crudeza. Cuando un tumor es pequeño o cuando una recaída empieza a asomar tras una cirugía, la cantidad de señal biológica disponible es mínima y, por tanto, difícil de capturar. Justo ahí es donde un equipo de MIT y Microsoft Research propone un enfoque que se parece más a colocar micrófonos sensibles en una ciudad silenciosa que a buscar un objeto con linterna: no intentan “ver” el tumor de forma directa, sino escuchar la actividad de ciertas enzimas que suelen volverse más ruidosas cuando hay cáncer.

La propuesta, publicada en Nature Communications, gira alrededor de sensores moleculares que se activan cuando detectan proteasas asociadas a tumores. La ambición es que esa activación se traduzca en una señal que termine en una prueba de orina y, con el tiempo, en un test en casa que ayude a orientar el diagnóstico. Continúa leyendo «Sensores “diseñados” por IA para detectar cáncer antes: cómo CleaveNet convierte proteasas en una señal medible en casa»

Neuralink pone el foco en 2026: producción a gran escala, cirugía más automatizada y el reto de devolver movilidad y visión

Elon Musk volvió a colocar a Neuralink en el centro de la conversación tecnológica con un mensaje claro: la compañía cree que está más cerca de lograr interfaces que ayuden a recuperar funciones perdidas por lesiones neurológicas. Según sus publicaciones en X y lo recogido por Times of India, Musk dice sentirse “confiado” en que la funcionalidad corporal completa podría ser posible desde un punto de vista físico, si se logra “puentear” el punto donde los nervios están dañados, como ocurre en algunas lesiones de médula espinal.

La idea, explicada de forma sencilla, se parece a cuando un teclado deja de funcionar por un cable cortado. Si el cable que conecta teclado y ordenador está roto, una opción es crear un camino alternativo: una ruta nueva que permita que la señal vuelva a llegar. Neuralink plantea hacer algo equivalente con señales neuronales: captarlas en el cerebro y enviarlas a sistemas que permitan convertir esa intención en acción.

Musk también habló de un cambio industrial importante: en 2026, Neuralink aspira a iniciar producción a gran escala de dispositivos de interfaz cerebro-computadora y a avanzar hacia un procedimiento quirúrgico “casi completamente automatizado”. La ambición combina dos mundos que no siempre conviven bien: la neurociencia, que exige precisión clínica, y la fabricación, que exige repetibilidad. Continúa leyendo «Neuralink pone el foco en 2026: producción a gran escala, cirugía más automatizada y el reto de devolver movilidad y visión»

Chai Discovery cierra 130 millones en Serie B: la apuesta de OpenAI por la biotecnología que diseña moléculas

La startup Chai Discovery acaba de conseguir un nuevo impulso financiero que la coloca en el centro de una tendencia cada vez más visible: aplicar inteligencia artificial para acortar el camino entre una hipótesis científica y un candidato a fármaco. Según informó TechCrunch, la compañía ha levantado 130 millones de dólares en una Serie B con una valoración de 1.300 millones, en una operación liderada por General Catalyst y Oak HC/FT, con participación de firmas como Menlo Ventures, Thrive Capital y la propia OpenAI, entre otros inversores.

En números redondos, el mensaje del mercado es claro: cuando la promesa es “diseñar moléculas con ordenador” y el equipo afirma mejoras medibles frente a métodos previos, los cheques aparecen con rapidez. En este caso, la financiación acumulada de Chai ya supera los 225 millones de dólares, una cifra notable para una empresa fundada en 2024. Continúa leyendo «Chai Discovery cierra 130 millones en Serie B: la apuesta de OpenAI por la biotecnología que diseña moléculas»

Nanoimanes que atacan el cáncer de hueso y ayudan a reconstruirlo

Tratar el cáncer de hueso suele parecerse a apagar un incendio dentro de una casa de madera: hay que eliminar el foco sin dañar la estructura que sostiene todo. Por eso resulta tan llamativo el enfoque que describe un equipo de investigación de Brasil y Portugal, recogido por New Atlas y publicado en la revista Magnetic Medicine: un material diminuto que combina dos funciones que durante años han sido difíciles de reunir en la misma pieza.

La idea se apoya en nanopartículas magnéticas de óxido de hierro recubiertas con vidrio bioactivo, formando nanocompuestos tipo “núcleo-caparazón”. El núcleo responde con fuerza a los campos magnéticos; la capa exterior, por su química, interactúa con el entorno para favorecer la regeneración ósea. Dicho de forma cotidiana: sería como usar un “microcalefactor” que calienta justo donde interesa y, cuando termina el trabajo duro, se queda como andamio para que el hueso vuelva a crecer.

La autora de correspondencia, Ângela Andrade (UFOP, Brasil), subraya que el reto histórico ha sido lograr alta magnetización sin sacrificar bioactividad. En su planteamiento, ambas propiedades conviven en el mismo material, lo que abre la puerta a una intervención con intención terapéutica y reparadora en un solo gesto. Continúa leyendo «Nanoimanes que atacan el cáncer de hueso y ayudan a reconstruirlo»

Vesículas extracelulares: la pista “joven” que podría frenar la senescencia celular

La senescencia celular suena casi elegante, como si fuera el nombre de una fragancia cara, pero describe algo mucho menos glamuroso: el momento en que una célula pierde la capacidad de dividirse y renovarse. No “muere” de inmediato; se queda como un aparato viejo que sigue enchufado, consume recursos y funciona a medias. Con el tiempo, esa acumulación de células senescentes se asocia con el envejecimiento de tejidos, inflamación y deterioro.

Un equipo de la Universidad de Cornell plantea una vía interesante para frenar ese proceso usando vesículas extracelulares procedentes de células madre embrionarias. Su trabajo, publicado en Journal of Biological Chemistry y difundido por Cornell, sugiere que estos “paquetes” microscópicos pueden ayudar a otras células a resistir el estrés oxidativo, una de las presiones más conocidas que empujan a la célula hacia la senescencia. Continúa leyendo «Vesículas extracelulares: la pista “joven” que podría frenar la senescencia celular»

Un modelo de cerebro “con piezas reales” aprende como los animales y destapa neuronas que empujan al error

Imaginar un cerebro en una pantalla suele sonar a caricatura: una red que aprende porque le damos miles de ejemplos, ajusta parámetros y acierta. El trabajo que acaba de publicarse en Nature Communications va por otra ruta. Un equipo con investigadores de Dartmouth College, el MIT y la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook ha construido un modelo biomimético del cerebro desde cero, intentando respetar no solo “qué calcula” el sistema, sino “cómo” lo hace: con conexiones neuronales plausibles, señales eléctricas y química cerebral, y una arquitectura por regiones que recuerda a la biología. El resultado es llamativo por dos motivos: el modelo aprende una tarea visual sencilla con un progreso tan irregular como el de animales de laboratorio y, mientras lo hace, deja ver un tipo de actividad neuronal que había pasado desapercibida en datos reales, según relata el propio equipo en la nota institucional del MIT y el artículo científico.

La prueba es una de esas tareas que, a ojos humanos, parecen casi un juego de mesa: se muestran patrones de puntos y el sujeto (animal o simulación) debe decidir a cuál de dos categorías pertenece lo que ve. La gracia está en que no basta con “ver puntos”; hay que extraer una regla de clasificación. Lo sorprendente es que el modelo no fue entrenado con registros de animales. Primero se diseñó para que fuera biológicamente verosímil; solo después se le planteó la tarea, y entonces se compararon sus trazas con las de animales que ya habían hecho el experimento. Continúa leyendo «Un modelo de cerebro “con piezas reales” aprende como los animales y destapa neuronas que empujan al error»

CRISPR sin tijeras: la edición epigenética que apaga y enciende genes sin cortar el ADN

Durante la última década, CRISPR se ha convertido en el “buscador y reemplazador” más famoso de la biología. En su versión clásica, encuentra una secuencia concreta del ADN y la corta para desactivar un gen o para intentar corregirlo. Ese gesto —cortar— es potente, pero también delicado: cuando abres una doble hélice como quien hace una obra en casa, hay riesgo de que aparezcan grietas en paredes que no querías tocar.

Un equipo de UNSW Sydney propone una alternativa que suena más suave y, si se confirma en los siguientes pasos, podría ser más segura para ciertos usos terapéuticos: edición epigenética basada en CRISPR. En lugar de “tijeras”, el sistema se usa como un GPS molecular que lleva herramientas químicas a un punto exacto del genoma para cambiar su comportamiento sin alterar la secuencia de letras. El trabajo, realizado con colaboradores de St Jude Children’s Research Hospital, se publicó en Nature Communications y se apoya en una idea tan sencilla como útil: a veces no hace falta reescribir el texto; basta con quitar un candado que lo mantiene cerrado. Continúa leyendo «CRISPR sin tijeras: la edición epigenética que apaga y enciende genes sin cortar el ADN»