Booksellers holandeses, alemanes y suizos lo empezaron a notar en 2025: pedidos inusualmente grandes de libros académicos especializados, títulos con pocos ejemplares en circulación, sin patrón colector reconocible ni intención de reventa visible. En julio de 2026, un artículo de TNW sintetizó meses de reportes de 404 Media y Fortune sobre el fenómeno: empresas de IA están comprando libros físicos en masa, cortándoles el lomo en máquinas de escaneo industrial de alta velocidad y destruyendo los originales.
El 21 de julio de 2026, el juez federal William Alsup del Distrito Norte de California emitió el fallo que faltaba para que el proceso se acelerara. En el caso Bartz v. Anthropic, el juez dictaminó que la práctica de Anthropic de comprar libros físicos, cortarles el lomo para escaneo industrial y destruir los originales constituye «fair use» (uso justo) bajo la Sección 107 de la Ley de Derechos de Autor de EEUU.
La lógica del fallo: «Cada copia impresa comprada fue copiada para ahorrar espacio de almacenamiento y permitir la búsqueda como copia digital. El original impreso fue destruido. Uno reemplazó al otro.» Como la copia digital nunca fue mostrada, compartida ni vendida fuera de la empresa, el juez encontró la práctica «claramente transformadora».
Por qué los libros pre-2022 son el activo más valioso para entrenar IA
El «model collapse» — la degradación de los modelos de IA cuando se entrenan sobre texto generado por otras IAs — explica la fiebre. Los modelos de 2026 son buenos en parte porque se entrenaron con texto humano de calidad. Si los futuros modelos se entrenan mayoritariamente en texto generado por IA actual, su calidad degrada con cada generación. Los libros físicos pre-2022 son datos 100% humanos, sin contaminación de IA.
Los libros técnicos y académicos especializados tienen doble valor: son humanos (calidad) y raros (no están en los datasets estándar de internet que ya tienen todos los modelos). Un manual médico de 1987, una tesis doctoral de ingeniería de 1995, una monografía histórica de 2001 en una tirada de 200 ejemplares — son exactamente lo que los modelos de IA no tienen y quieren.
ISBNdb, empresa que mantiene una de las bases de datos de libros más completas, desarrolló — y luego negó que hubiera lanzado — un servicio que facilitaba pedidos de hasta 1 millón de libros para «clientes anónimos». Varios booksellers europeos recibieron solicitudes de miles de títulos de empresas con sede en Singapur, Canadá y otras jurisdicciones que no daban información sobre el uso final.
El dealer holandés Pieter de Vries (Haarlem) recibió una solicitud de casi 3.000 títulos de una empresa con sede en Singapur. «Al principio pensé que era spam o phishing. Nunca había visto un pedido así.» La empresa de software canadiense Zoom Books fue mencionada en varios reportes europeos de medios suizos y alemanes como posible intermediaria; la empresa negó categóricamente a Publishers Lunch y al medio suizo SRF ser parte de ninguna operación de adquisición de libros para IA.
Hollywood lleva años reclamando herramientas legales para protegerse del uso no autorizado de sus contenidos en IA: el fallo de Alsup en Bartz v. Anthropic es exactamente la dirección opuesta a lo que la industria creativa estaba buscando — el tribunal validó el pipeline compra-escaneo-destrucción en lugar de limitarlo. Los premios Oscar ya aceptan películas creadas con IA: el cine y la literatura van a marcar dos trayectorias diferentes — el primero que adapta, el segundo que ve destruir literalmente su corpus físico. Claude Sonnet 5 como el modelo agentivo más capaz de Anthropic: es en parte producto de exactamente este tipo de pipeline de datos a escala industrial que el fallo Bartz legalizó retroactivamente.
El incentivo perverso que el fallo creó
Hay un giro de lógica legal que preocupa especialmente a los archivistas. El juez Alsup escribió que destruir el original hace el proceso de copia más «transformador» — porque la empresa reemplazó el objeto físico, no hizo una copia adicional. Eso significa que mantener el libro físico haría el proceso menos protegido legalmente que destruirlo. Las empresas de IA tienen ahora un incentivo legal activo para destruir los libros que compran.
Ingram Content Group, uno de los mayores distribuidores de libros de EEUU, reaccionó introduciendo un formulario de opt-out para editores que no quieran que sus libros se vendan directamente a empresas de IA para entrenamiento. Es el primer mecanismo de consentimiento activo del sector, aunque su eficacia depende de que los editores lo usen y de que los distribuidores lo cumplan.
Mi valoración
Lo que más me preocupa del fallo Bartz v. Anthropic es el incentivo que crea sobre el corpus físico de conocimiento humano. Los libros raros con pocos ejemplares en circulación no tienen backup en ningún servidor: son únicos o casi únicos. La destrucción sistemática de esos ejemplares, aunque sea legal, crea un riesgo de pérdida cultural que ningún modelo de IA puede compensar — los modelos que entrenan sobre esos libros no van a preservar la experiencia de leer el objeto ni su valor como referencia inamovible que no puede ser editada.
Lo que más me convence de la preocupación estructural es la observación sobre «model collapse». Si la industria de IA destruye los libros humanos para entrenar modelos y luego esos modelos generan el texto con el que se entrenen los próximos modelos, el resultado a largo plazo es una degradación progresiva de la calidad del conocimiento modelado. La carrera por los datos de hoy podría crear la escasez de datos de calidad de mañana.
Preguntas frecuentes
¿El fallo Bartz v. Anthropic aplica a todos los libros o solo a los comprados legalmente?
Solo a los libros comprados legalmente. El fallo fue muy específico: la compra de libros físicos con copyright activo, su escaneo para uso interno de entrenamiento y la destrucción del original constituye fair use. El uso de libros pirateados (descargados de librerías online ilegales) sigue siendo infracción de copyright — Anthropic tiene otro juicio separado sobre ese uso.
¿Qué pasa con los libros en dominio público?
Los libros en dominio público (generalmente publicados antes de 1929 en EEUU) pueden escanearse libremente sin ninguna restricción. Project Gutenberg y el Internet Archive ya tienen digitalizados millones de ellos. El problema específico de este artículo son los libros con copyright activo (post-1929) y especialmente los agotados y raros, donde el copyright sigue siendo válido pero los ejemplares físicos son escasos o únicos.
¿Hay alguna forma de saber si mis libros serán comprados para IA?
Actualmente no hay transparencia sobre qué títulos están siendo adquiridos para IA. Los pedidos se hacen a través de intermediarios que no revelan el uso final. Las librerías de segunda mano y los dealers de libros raros solo pueden optar por no vender a compradores que no revelen su identidad o propósito, algo que en la práctica es difícil de implementar con compradores anónimos.
