En el este de Angola, a casi 1.800 metros sobre el nivel del mar, existe una meseta llamada Lisima que permaneció prácticamente invisible para la ciencia durante décadas. No por falta de vida, sino por exceso de obstáculos humanos: décadas de guerra civil angoleña, minas terrestres sin desactivar y la dificultad de acceso convirtieron la región en uno de los últimos grandes «puntos ciegos» de la biodiversidad africana.
En febrero de 2026, un equipo de 16 científicos de The Wilderness Project cambió eso con una expedición de varias semanas en el marco del Atlas de la Vida de Cassai. El resultado, publicado esta semana y recogido hoy por El Confidencial: más de 70 posibles nuevas especies para la ciencia, incluyendo dos arañas extremadamente raras, una de ellas capaz de emitir un brillo azul bajo luz ultravioleta cuyo mecanismo los investigadores todavía no comprenden.
¿Por qué Lisima lleva décadas ignorada?
El aislamiento de Lisima no fue accidental. La guerra civil angoleña se prolongó de 1975 a 2002, y durante ese tiempo la meseta fue zona de operaciones militares. Cuando terminó el conflicto, quedó sembrada de minas antipersona cuya desactivación es un proceso lento que todavía continúa. Durante décadas, ni los científicos ni los fotógrafos de naturaleza ni los operadores turísticos podían acceder sin riesgo físico real.
Ese aislamiento involuntario tuvo un efecto paradójico: preservó la biodiversidad. Sin acceso humano intensivo, sin agricultura a gran escala, sin minería, los ecosistemas de Lisima permanecieron prácticamente intactos. La meseta alimenta las cabeceras de cuatro de los principales sistemas fluviales de África: el Congo, el Okavango, el Zambeze y el Cuanza. El agua que nace en Lisima recorre miles de kilómetros río abajo y sostiene comunidades y ecosistemas en varios países.
Los hallazgos más llamativos
La expedición documentó hallazgos en varios grupos taxonómicos. En libélulas y caballitos del diablo: más de 100 especies, con 8 completamente nuevas para la ciencia. El Dr. Klaas-Douwe Dijkstra, experto del Centro de Biodiversidad Naturalis de los Países Bajos y miembro de la expedición, describió el agua de la meseta como «una de las aguas dulces más claras y fiables de África», lo que se refleja en la diversidad de odonatos altamente especializados que no se encuentran en ningún otro lugar.
En mariposas y polillas: cerca de 60 especies nunca catalogadas, incluyendo una mariposa de color cobre cuya forma adulta y cuya oruga son ambas desconocidas para la ciencia. En saltamontes: tres especies inéditas. En arácnidos: dos hallazgos destacados — una araña tejedora de telarañas circulares de color naranja que imita visualmente a las mariquitas para disuadir a los depredadores, y la más fotogénica de todas: una araña cangrejo coronada del género Smodicinus, posiblemente nueva especie, que emite un brillo azul intenso bajo iluminación ultravioleta. Los investigadores aún no han determinado por qué ocurre este fenómeno.
También se documentó un grillo acorazado depredador capaz de expulsar líquido como mecanismo de defensa, y varios reptiles que añaden nuevos registros para la fauna local.
Las amenazas llegan justo cuando la ciencia puede entrar
El momento del descubrimiento es agridulce. El proceso de desminado que permitió que la expedición accediera a Lisima también está abriendo la región a presiones que antes no existían: tala, deforestación, minería artesanal de diamantes y agricultura de roza y quema. La eliminación de minas, necesaria para la seguridad humana, también elimina la barrera que protegía involuntariamente el ecosistema.
La expedición encontró además obstáculos logísticos que dan idea de la dificultad del terreno: el convoy quedó atascado en el barro durante un día completo, hubo fallos mecánicos en los vehículos y varios miembros del equipo contrajeron malaria. Aun así, aprovecharon cada pausa para registrar especies en los dambos —praderas húmedas estacionales características de la región— y en los bosques pantanosos.
The Wilderness Project trabaja ahora con autoridades angoleñas para proponer alguna forma de protección formal de la meseta de Lisima, antes de que la accesibilidad creciente convierta el descubrimiento en un epitafio.
Mi valoración
Lo que más me convence de este trabajo es la combinación de humildad científica y ambición de conservación. Los investigadores son cuidadosos en señalar que la mayoría de los hallazgos son «posiblemente» nuevas especies que necesitan confirmación de laboratorio; no llaman la atención con superlativas de las que luego hay que retractarse.
Lo que más me preocupa es la ventana de tiempo. Si la región está ahora en proceso de apertura al desarrollo, los años entre el primer acceso científico y la llegada de actividades extractivas a gran escala son críticos. La biodiversidad de Lisima podría llevar millones de años en formarse y desaparecer en décadas si no hay protección formal rápida.
Lo más estructuralmente significativo es lo que dice sobre los «puntos ciegos» que todavía existen. Si una región con 70 nuevas especies posibles puede permanecer prácticamente inexplorada hasta 2026, ¿cuántas regiones similares quedan en el planeta? La respuesta incómoda es: bastantes. La frontera de la biodiversidad no es el fondo del océano ni el Ártico; es también las zonas post-conflicto de África, Asia y Sudamérica que la guerra o la inseguridad han convertido en refugios involuntarios de la naturaleza. La pregunta a 12 meses es si la expedición de 2026 genera suficiente presión política para que Angola establezca alguna forma de protección de Lisima antes de que llegue la minería. Mi predicción: habrá propuesta formal, pero la protección efectiva tardará más.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Atlas de la Vida de Cassai?
Es una iniciativa científica de The Wilderness Project para documentar sistemáticamente la biodiversidad de la cuenca del río Cassai, que incluye la meseta de Lisima en Angola. El Atlas busca crear una base de datos comprehensiva de las especies de la región como herramienta para la conservación y la gestión sostenible del ecosistema.
¿Las nuevas especies ya tienen nombres científicos?
No. La confirmación de que un espécimen es una nueva especie requiere análisis de laboratorio, comparación con colecciones de museos naturales de todo el mundo y publicación en revistas científicas con revisión por pares. El proceso puede llevar meses o años. Hasta entonces, los hallazgos se describen como «posiblemente nuevas especies» o «nuevas para la ciencia».
¿Qué es un dambo y por qué es relevante para la biodiversidad de Lisima?
Los dambos son praderas húmedas estacionales, similares a las sabanas inundables, que se forman en las partes planas de las mesetas africanas donde el agua se acumula estacionalmente. Son ecosistemas de transición entre el bosque húmedo y la sabana abierta, con una biodiversidad propia muy específica, incluyendo muchas especies de insectos que no se encuentran en ninguno de los dos ecosistemas adyacentes. En Lisima, los dambos son el hábitat principal de muchas de las nuevas especies documentadas.
