Los centros de datos de inteligencia artificial ya no son un problema abstracto de futuro. Son la razón principal por la que 67 millones de americanos en 13 estados pagaron un 76% más por la electricidad en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior. Lo publica Matt Novak en Gizmodo el 15 de mayo de 2026, a partir de un informe oficial de Monitoring Analytics, el auditor independiente del mercado eléctrico de PJM Interconnection, la mayor red de distribución de energía de Estados Unidos. El precio mayorista medio de la electricidad en el área PJM pasó de 77,78 dólares por megavatio-hora en el primer trimestre de 2025 a 136,53 dólares en el mismo periodo de 2026. El informe no usa eufemismos: «El crecimiento de la carga de los centros de datos es la razón principal de las condiciones actuales y previstas en el mercado de capacidad». Y añade que el impacto ya es «significativo e irreversible» para los usuarios al menos hasta el 31 de mayo de 2028.
¿Qué es PJM y por qué importa que sus precios suban un 76%?
PJM Interconnection opera el mercado mayorista de electricidad en una franja que cubre los estados de Delaware, Illinois, Indiana, Kentucky, Maryland, Michigan, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Tennessee, Virginia y Virginia Occidental. Esos 13 estados incluyen algunas de las zonas con mayor densidad de centros de datos del mundo, especialmente Virginia del Norte —el mayor hub de data centers del planeta— y el corredor Pennsylvania-Maryland.
Que la red que alimenta a casi el 20% de la población de Estados Unidos registre un salto de precios así no es un titular sensacionalista; es una señal de un problema estructural que los economistas llevan años anticipando y que ahora tiene cifras concretas en un informe oficial. El precio mayorista no es lo mismo que la factura final del consumidor —hay capas de distribución entre medias—, pero es el input básico de esa factura y su subida se traslada inevitablemente al recibo.
El informe de Monitoring Analytics es directo sobre las causas: «La oferta actual de capacidad en PJM no es adecuada para atender la demanda de las grandes cargas de centros de datos y no lo será en el futuro previsible. Este es un hecho simple y factual.» No hay margen para interpretaciones optimistas: la red no tiene suficiente capacidad, los centros de datos siguen creciendo y el equilibrio no se va a restaurar solo.
Esto conecta con algo que ya habíamos analizado antes: los centros de datos de IA venían disparando las facturas de luz en EE.UU. desde 2025, incluso antes de que los datos de PJM lo cuantificaran con tanta claridad. En ciudades como Columbus, Ohio, el alza ya era de unos 240 dólares extra al año por hogar.
¿Cómo ha cambiado la mezcla de generación eléctrica?
El informe de Monitoring Analytics también detalla el impacto en las fuentes de generación eléctrica en el área PJM durante los primeros tres meses de 2026 comparados con el mismo periodo de 2025. Los datos son reveladores sobre cómo la presión de demanda afecta la transición energética.
La generación a partir de carbón cayó un 1,7%. La de gas natural subió un 4,2%. La eólica bajó un 4,7%. La solar subió un 15%. Pero el dato más llamativo es el del petróleo: su generación creció un 43,2% interanual. Eso no es una cifra de descarbonización; es la de una red que está quemando lo que tiene disponible para cubrir una demanda que no para de crecer.
La IA se autopresenta como tecnología que va a resolver los problemas del mundo, incluyendo el climático. Pero la realidad del sector eléctrico en el este de EE.UU. en el primer trimestre de 2026 es que su infraestructura ha generado más emisiones, no menos. La factura energética de los centros de datos hiperescalables ya era el cuellos de botella más crítico del sector antes de este informe; ahora hay números oficiales que lo confirman.
¿Cómo está respondiendo la sociedad a la proliferación de centros de datos?
Los ciudadanos estadounidenses ya lo perciben en sus facturas y en sus comunidades. Una encuesta de Gallup publicada esta semana —la misma semana del informe de PJM— arroja datos que deberían hacer pensar a los lobbistas del sector: el 71% de los americanos se opone a la construcción de centros de datos en su área. De ese 71%, el 48% se declara fuertemente opuesto y solo el 23% algo opuesto. El nivel de oposición fuerte es inusualmente alto para infraestructura tecnológica.
El dato más sorprendente de la encuesta: más americanos prefieren vivir junto a una planta nuclear que junto a un centro de datos. Solo el 53% se opone a la construcción de plantas nucleares en su área, frente al 71% que rechaza los data centers. En el imaginario colectivo americano, el átomo ya no asusta tanto como los servidores de IA. El 50% de los encuestados cita la presión sobre los recursos locales —especialmente el consumo eléctrico— como razón principal de su rechazo.
La imagen que acompaña el artículo de Gizmodo lo ilustra: la sala del ayuntamiento de Pocatello, Idaho, desbordada el 14 de mayo de 2026 en una audiencia sobre la aprobación de un nuevo centro de datos en la zona. No es una protesta de activistas; son vecinos que están viendo lo que le pasa a la red eléctrica de sus vecinos de Virginia y no quieren que les ocurra lo mismo. El debate sobre energía y centros de datos ya ha salido de los informes técnicos. El dilema energético de la IA y su relación con la energía nuclear lleva meses en el debate público, pero el informe de Monitoring Analytics le da una dimensión económica concreta que cambia el tono de la conversación.
Mi valoración
Llevo siguiendo el debate sobre el consumo energético de la IA desde los primeros análisis sobre el coste hídrico de los modelos de lenguaje en 2023, y lo que más me convence de este informe es precisamente que no viene de un grupo de presión ni de un activista: viene del auditor oficial de la mayor red eléctrica de EE.UU. Cuando Monitoring Analytics dice que el problema ya es «irreversible» hasta 2028, no está haciendo alarma mediática; está describiendo compromisos contractuales ya firmados que no se pueden deshacer.
Lo que más me preocupa es el mix energético. Un 43,2% de crecimiento en generación a base de petróleo no es un accidente; es la firma visible de una red que no tiene suficientes fuentes limpias disponibles para cubrir una demanda que no esperó a que la infraestructura verde estuviera lista. Hay una incomodísima contradicción entre los objetivos de descarbonización de las propias compañías de IA y lo que sus centros de datos están haciendo en la red eléctrica real.
Lo más estructuralmente significativo es que el problema ya tiene una fecha de mínima duración: el 31 de mayo de 2028. No es que las cosas vayan a arreglarse ese día; es que los contratos de capacidad que crearon esta situación tienen esa vigencia. Lo que pase después depende de si se construye suficiente generación nueva —nuclear, solar, gas con captura— antes de que los nuevos contratos entren en vigor. La pregunta a 12 meses no es si los precios bajarán; es si la resistencia ciudadana conseguirá retrasar la construcción de nuevos centros de datos lo suficiente para que la red pueda recuperar margen. Mi predicción: los primeros estados del área PJM empezarán a aprobar moratorias o restricciones a nuevas instalaciones antes de finales de 2026.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto supone realmente para el usuario final una subida del 76% en el precio mayorista?
El precio mayorista es el input del sistema eléctrico, pero no es idéntico a lo que aparece en la factura doméstica. Entre medias hay costes de distribución, impuestos y márgenes de las comercializadoras que amortiguan parte del impacto. Sin embargo, la subida del precio mayorista sí se traslada a las facturas finales, con un retraso de entre 6 y 18 meses dependiendo de los contratos de las distribuidoras locales. Estudios previos de Washington Post sobre datos PJM estimaban subidas de 17 dólares mensuales en Filadelfia y 27 dólares en Columbus, Ohio, equivalentes a unos 240 dólares extra al año.
¿Por qué el informe dice que el impacto es «irreversible»?
Los centros de datos que ya se han construido en el área PJM tienen contratos de capacidad firmados con la red eléctrica que garantizan el suministro hasta mayo de 2028. Eso significa que la demanda ya está comprometida y la red tiene que honrar esos contratos, aunque eso implique precios más altos para el resto de usuarios. No hay forma de retrotraer esos acuerdos. Lo que sí puede hacerse de cara al futuro es exigir que los nuevos centros de datos incluyan generación propia o acuerdos de energía renovable antes de conectarse a la red.
¿Qué tiene que ver la IA con que suba el precio de la electricidad en Europa?
En Europa, la situación no es idéntica, pero la presión existe. Los operadores de redes como REE en España o Elia en Bélgica ya advierten de que la previsión de demanda de los centros de datos está obligando a revisar sus planes de infraestructura. El RGPD y la regulación ambiental europea son algo más restrictivos que la normativa estadounidense, lo que ha ralentizado ligeramente la instalación de nuevos centros, pero la tendencia de fondo es la misma: más centros de datos, más demanda eléctrica, más presión sobre redes que no estaban diseñadas para eso.
