Ida Huddleston tiene 82 años, 1.200 acres de tierras de cultivo en el condado de Mason, Kentucky, y una respuesta muy clara para la empresa del Fortune 100 que le ofreció 26 millones de dólares por la mitad de su propiedad para construir un centro de datos de inteligencia artificial: «Nos llaman viejos granjeros estúpidos, pero no lo somos. Sabemos cuándo nuestra comida desaparece, nuestras tierras desaparecen y no tenemos agua.»
Su hija, Delsia Bare, que posee la mayoría de los terrenos a su nombre, rechazó una oferta de 48.000 dólares por acre por sus 463 acres. Huddleston rechazó 60.000 dólares por acre por sus 71 acres. El valor de mercado de la tierra agrícola en Mason County ronda los 6.000 dólares por acre. Les ofrecieron diez veces más. No les importó.
«Quédate y mantente y alimenta a una nación», dijo Bare a la televisión local WKRC. «26 millones de dólares no significan nada. Mi abuelo y mi bisabuelo vivieron aquí durante años, pagaron impuestos, alimentaron a una nación. Incluso cultivaron trigo durante la Depresión y mantuvieron las colas del pan en Estados Unidos cuando la gente no tenía nada más.»
El conflicto que se repite en todo el país
La historia de los Huddleston no es única. En Pensilvania, un granjero de 86 años rechazó 15,7 millones de dólares por sus 261 acres y vendió los derechos de desarrollo al Lancaster Farmland Trust por menos de 2 millones, asegurando legalmente que la tierra será siempre agrícola. En Virginia, una comunidad tabacalera y lechera frenó una instalación de IA de 1.000 acres con ayuda legal. En Indiana, las ofertas infladas por centros de datos están disparando los impuestos sobre la propiedad, haciendo que expandirse sea inviable para quienes realmente quieren cultivar.
Los centros de datos grandes pueden consumir hasta 5 millones de galones de agua al día para refrigeración —equivalente al consumo diario de una ciudad de 10.000 a 50.000 habitantes—. La mayor parte de esa agua se evapora y nunca se recupera. Mientras tanto, EE.UU. perdió 2,5 millones de acres de tierras agrícolas y 15.000 granjas solo en 2025, sin que un solo estado añadiera granjas.
La empresa anónima que intentó comprar las tierras de Huddleston revisó sus planes y presentó una solicitud de rezoning para más de 2.000 acres en la zona, según WKRC, lo que sugiere que el centro de datos podría construirse junto a las tierras de Huddleston aunque ella no venda. La instalación prevista abarcaría casi cinco kilómetros de este a oeste. Los promotores prometen 400 empleos fijos y más de 1.500 puestos de construcción.
Bare comparó su vínculo con la tierra con el de Scarlett O’Hara en «Lo que el viento se llevó»: «Mientras esté en esta tierra, mientras me alimente, mientras me cuide, nada puede destruirme.»
Mi valoración: esta historia cristaliza una tensión que va a definir la próxima década. La revolución de la IA necesita infraestructura física —enormes centros de datos que consumen electricidad, agua y tierra—. Esa infraestructura tiene que ir a algún sitio, y los terrenos agrícolas rurales con acceso a energía y agua son objetivos naturales. Pero la tierra agrícola no es un recurso renovable. Una vez que se construye un centro de datos sobre ella, no vuelve a producir alimentos. En Loudoun County, Virginia, los centros de datos generaron 875 millones en ingresos fiscales en 2025 y permitieron recortar impuestos a los residentes. Pero Loudoun County no alimenta a nadie. La pregunta que plantean los Huddleston es más incómoda: ¿qué vale más, los datos o la comida? La respuesta depende de si preguntas a Wall Street o a alguien que cultiva trigo.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto les ofrecieron? 26 millones de dólares por aproximadamente la mitad de sus 1.200 acres, a un precio de 48.000-60.000$ por acre (10 veces el valor de mercado).
¿Quién hizo la oferta? Una empresa anónima descrita como Fortune 100, vinculada a la IA. No se ha revelado públicamente su nombre.
¿Se construirá el centro de datos? Posiblemente. La empresa ha solicitado rezoning de más de 2.000 acres en la zona, lo que permitiría construir junto a las tierras de Huddleston aunque ella no venda.
