Londres tiene su primer servicio de robotaxi, y hay una persona detrás del volante de cada coche

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Londres tiene su primer servicio de robotaxi, y hay una persona detrás del volante de cada coche

Desde esta mañana puedes pedir en Uber un coche que conduce solo en Londres. Al recibirte, habrá un conductor licenciado sentado en el asiento del conductor, con las manos alejadas del volante pero listo para intervenir. Uber y Wayve lanzaron hoy el primer servicio de robotaxi de la capital del Reino Unido con una flota de menos de 20 Ford Mustang Mach-E supervisados en cada viaje por un conductor profesional. El conductor está ahí porque tiene que estar: el TfL (Transport for London) autorizó los vehículos modificados de Wayve como Vehículos de Alquiler Privado, no como Vehículos Automatizados. Y eso significa que un conductor PHV licenciado tiene que estar a bordo y ser legalmente responsable durante cada trayecto.

Para operar sin conductor —lo que convierte esto en un robotaxi de verdad en lugar de un servicio de asistencia a la conducción muy sofisticado— se necesita un permiso diferente. El Permiso de Servicios de Pasajeros Automatizados, emitido por la Agencia de Normas de Vehículos y Conductores (DVSA) bajo la Ley de Vehículos Automatizados, es un proceso separado que ninguna de las dos empresas ha completado. «Ese proceso aún está en marcha», dijo Sarfraz Maredia, responsable de movilidad autónoma en Uber.

¿Por qué ir primero si no puedes demostrar lo más importante?

La presencia del conductor de seguridad es precisamente lo que impide que este despliegue demuestre la única cosa que importa en la economía de los robotaxis: que se puede prescindir del conductor. Un vehículo con un conductor de seguridad profesional tiene un coste operativo similar al de un minicab convencional. La ventaja económica de la autonomía —reducir el coste del conductor— es el argumento que hace viable el negocio a largo plazo, y es exactamente la variable que este lanzamiento no puede medir.

La lógica de ser primero en un mercado sin poder ser el mejor en el mercado es más fácil de entender si se mira quién más está preparando un servicio en Londres. Waymo lleva meses preparando su despliegue. Baidu hace lo mismo. Frente a ellos, Uber y Wayve bancan el hito —el primer servicio de robotaxi de Londres— antes de que ningún rival pueda reclamarlo. El precio a pagar es que la comparación no favorece: Waymo ya opera sin conductor en 14 ciudades americanas. Lo que Uber ha lanzado hoy en Londres es una generación tecnológica anterior a lo que su principal rival ya opera rutinariamente en otro continente.

Nvidia avanzó en marzo su plan de desplegar robotaxis a escala en 28 ciudades en cuatro continentes para 2028, y la pregunta de fondo en la industria sigue siendo cuándo la conducción autónoma deja de ser una prueba piloto y pasa a ser un servicio escalable. En el modelo de negocio de Wayve, Londres es el banco de pruebas más difícil posible: calles estrechas, carriles de autobús, ciclistas y un tejido vial que precede al automóvil. Los BMW Figure 03 llevados a producción real en Spartanburg también siguieron la lógica de empezar con los entornos más exigentes: si el sistema funciona ahí, funciona en cualquier parte.

Wayve usa un modelo de conducción de extremo a extremo —sin necesidad de mapas de alta definición de la ciudad—, lo que le da una ventaja teórica de escalabilidad frente a sistemas que requieren mapas previos de cada ciudad donde operan. Ese enfoque, combinado con la inversión de AMD, Arm y Qualcomm en la empresa, posiciona a Wayve como la apuesta tecnológica más interesante del servicio. El problema es que sin el permiso DVSA y con un conductor de seguridad en cada coche, es imposible saber si la tecnología está lista o si simplemente está lista para hacer demos supervisadas.

Los taxis negros de Londres son el lobby más organizado en contra. Con una flota supervisada de 15 coches, tienen un objetivo pequeño mientras la pregunta regulatoria sigue abierta. Las tarifas son las mismas que cualquier otro Uber. Los pasajeros no pueden solicitar específicamente un robotaxi: son asignados por el sistema y pueden rechazar el viaje. No hay prompt de propina.

El modelo de negocio del robotaxi supervisado es, sin embargo, intrínsecamente contradictorio a corto plazo. Con un conductor PHV a bordo el coste operativo es comparable al de cualquier otro Uber, lo que significa que no hay ventaja económica para Uber, no hay datos de operación autónoma para Wayve, y no hay diferenciación real para el usuario. El valor está en el acumulado: cada kilómetro en las calles de Londres es datos reales en un entorno real que su competencia no tiene.

El precedente europeo más cercano es Zagreb, que en mayo de 2026 se convirtió en la primera ciudad de la UE con robotaxi comercial abierto al público —también supervisado, con tecnología de Pony.ai y vehículos de BAIC. Madrid planea iniciar pruebas antes de finales de 2026. El patrón regulatorio es consistente en toda Europa: los primeros despliegues siempre son supervisados, y el paso a operación totalmente autónoma requiere regulación específica que los gobiernos están construyendo a ritmo lento.

En wwwhatsnew.com hemos seguido la carrera de los robotaxis europeos desde los primeros pilotos en Madrid en 2025. Lo más significativo de hoy no es que haya un robotaxi en Londres sino que Uber ha apostado por Wayve como proveedor de software en lugar de hacerlo por Waymo, Cruise o Mobileye. Esa elección dice cuál es la arquitectura técnica que Uber cree que ganará el segmento europeo a largo plazo: aprendizaje de extremo a extremo sin mapas de alta definición, en lugar del enfoque de mapas exhaustivos de Waymo.

El tercer competidor a vigilar en el contexto europeo es Baidu Apollo, que opera robotaxis sin conductor en varias ciudades chinas y tiene planes de entrada al mercado europeo confirmados por fuentes del sector en mayo de 2026. El contraste con el modelo europeo de supervisor obligatorio se volverá más visible en los próximos meses. La batalla regulatoria entre Uber y Waymo en Washington DC sobre acceso a zonas de la ciudad y colisiones con vehículos de emergencia prefigura los debates que llegarán a las ciudades europeas cuando los robotaxis empiecen a operar a escala.