Los teléfonos de altos funcionarios de la Unión Europea fueron objetivos de campañas de spearphishing patrocinadas por gobiernos extranjeros, y la UE lo ha admitido formalmente por primera vez. Lo revela una presentación interna de ciberseguridad obtenida por Sam Clark para Politico el 26 de agosto de 2026.
El documento, elaborado por la unidad de ciberdefensa del bloque, enumera ocho incidentes significativos sufridos por las instituciones europeas en lo que va de año. Entre las amenazas prioritarias figura la «toma de control de cuentas dirigida a altos cargos» en aplicaciones de mensajería. Es también la primera vez que una autoridad de la UE atribuye formalmente ese tipo de ataque a un gobierno extranjero, sin especificar cuál en el registro público.
Los vectores son sencillos y bien conocidos. Atacantes se hacen pasar por un chatbot de soporte de Signal, convencen al objetivo de entregar un código de verificación y vinculan un segundo dispositivo a la cuenta. A partir de ahí pueden leer mensajes entrantes y chats grupales sin romper ningún cifrado. El FBI describió en junio una variante relacionada: grupos de inteligencia rusos mantuvieron acceso a Signal incluso después de que la víctima cambiara de teléfono.
La ironía del vector elegido es significativa. Signal y WhatsApp son las aplicaciones que las propias agencias de seguridad europeas recomendaron como alternativa más segura al correo corporativo. Usarlas para espiar a quienes las usan para protegerse es una inversión del argumento que merece atención.
¿Qué revela el documento interno sobre las vulnerabilidades de la UE?
La presentación esconde un problema estructural tan grave como el phishing: las distintas instituciones europeas utilizan sistemas de seguridad técnica incompatibles entre sí. El bloque no tiene un método común para intercambiar documentos sensibles y clasificados entre organismos. Eso no es un fallo puntual corregible con formación en detección de ataques de ingeniería social que simulan soporte técnico — es una brecha sistémica que ninguna campaña de concienciación puede tapar.
La Comisión Europea ya había tomado medidas menores: en meses anteriores ordenó cerrar un grupo de Signal a algunos de sus altos cargos por temor a intrusiones. Al menos cinco agencias de inteligencia nacionales habían alertado en marzo sobre campañas activas en Signal y WhatsApp. Inteligencia holandesa atribuyó las de ese período a Rusia. El aviso alemán fue explícito en cuanto a los objetivos: «altos cargos en política, fuerzas armadas y diplomacia, así como periodistas de investigación».
La presentación también pone un dato sobre la mesa: en julio de 2026, un ciberataque interrumpió el funcionamiento de una central eléctrica británica durante cuatro días y las investigaciones lo vincularon a Irán. La ciberguerra no es un problema futuro ni un riesgo abstracto; está ocurriendo con frecuencia y objetivos variados.
El ingrediente que multiplicó las capacidades chinas: DeepSeek y el coste por token
Mientras los servicios rusos apuntan a las personas, los grupos chinos apuntan a la escala. La firma taiwanesa de ciberseguridad TeamT5 documentó que grupos afiliados al Estado chino más que doblaron el número de ataques que ejecutan después de incorporar modelos de IA a sus operaciones.
Los grupos identificados trabajan con DeepSeek. Charles Li, analista jefe de TeamT5, explica la elección: es un modelo relativamente capaz, con barreras de seguridad bajas y un coste de inferencia mucho menor que los modelos occidentales equivalentes. Llevamos cubriendo el sector desde 2008, y lo que cambia los ataques no es la sofisticación del objetivo sino el coste de operar: cuando el coste por ataque baja en un orden de magnitud, el volumen se dispara.
El grupo Grimfengxi usó DeepSeek para escribir código de explotación. Huapi usó un modelo chino —probablemente DeepSeek según los investigadores— para atacar el sistema de correo de una empresa taiwanesa. Teleboyi lo empleó para recopilar 1.000 direcciones IP y cartografiar los dominios de una organización. El grupo Slime22 logró acceder a una empresa tecnológica taiwanesa y utilizó Claude Code para moverse por sus sistemas, sorteando las restricciones al fingir ser un ingeniero ejecutando pruebas de seguridad autorizadas.
La empresa CyCraft encontró evidencias de un ataque a un think tank occidental en el que el atacante copió la base de datos local de Signal de una máquina comprometida y pidió a ChatGPT que construyera un módulo para descifrarla. Los investigadores hallaron las pruebas en un directorio compartido público con miles de capturas de pantalla en chino, algunas tan recientes como febrero de 2026, que documentaban el flujo de trabajo de una startup de aproximadamente diez personas que vendía herramientas de hacking a entre 300.000 y 500.000 yuanes por paquete (aproximadamente 44.500 y 74.000 dólares), con al menos cuatro grupos como clientes.
¿Por qué Kimi K3 no aparece en los ataques?
El modelo K3 de Moonshot supera a DeepSeek en rendimiento según múltiples comparativas. Pero TeamT5 no ha registrado ningún ataque usando K3, y el análisis apunta directamente al precio: ejecutar un modelo de 2,8 billones de parámetros es hoy inviable para la mayoría de los actores de amenazas. Lo que frena a los atacantes no es la incapacidad técnica sino el coste por token.
Eso tiene una consecuencia incómoda: los costes de inferencia solo van a bajar. La ventana en la que el precio actúa como barrera es estrecha y se cierra. Lo que hoy es demasiado caro para un grupo criminal podría ser perfectamente asumible en 2027. DeepSeek ya publicó un modelo multimodal que según la compañía se acerca al rendimiento del Opus de Anthropic.
El frente occidental también tiene trabajo pendiente en gestores de contraseñas para proteger cuentas corporativas y en el despliegue masivo de passkeys como alternativa a credenciales convencionales que no pueden ser capturadas mediante un chatbot falso de soporte.
El paralelo con el espionaje industrial clásico es útil solo hasta cierto punto. Los estados siempre han intentado infiltrarse en las administraciones enemigas; eso no es nuevo. Lo que es nuevo es la velocidad, el volumen y el coste marginal cercano a cero de una operación que antes exigía agentes físicos, redes de contacto y años de infiltración. Cuando un modelo de lenguaje puede construir y personalizar el señuelo, mantener la conversación y extraer el código de verificación en una sola sesión, el número de operaciones simultáneas que puede sostener un servicio de inteligencia pasa de decenas a miles.
¿Qué puede hacer Europa ante dos amenazas simultáneas?
Los ataques a los funcionarios de la UE se atribuyen, según las agencias nacionales, a Rusia. Las campañas amplificadas por IA que documenta TeamT5 son de grupos chinos. Son operaciones separadas sin conexión entre sí, pero señalan la misma dirección: los vectores baratos que funcionan contra personas se escalan, y los que funcionan contra máquinas también.
La UE ha pasado de nombrar a hackers individuales a sancionar la estructura que los produce. Esas sanciones crean fricción; no detienen la operación. Hemos comprobado en coberturas de geopolítica tecnológica que el ritmo de las sanciones siempre va por detrás del ritmo de los ataques. Mientras tanto, tres cosas quedan pendientes: que Bruselas publique públicamente la atribución del ataque a los funcionarios, que las instituciones resuelvan la incompatibilidad técnica para compartir archivos clasificados, y que alguien ponga un plazo a las dos anteriores. El documento interno existe. La urgencia que describe todavía no se ha trasladado a acción.
