Una demanda colectiva acusa a Oura de vender como datos precisos lo que son predicciones de IA con exactitud de cara o cruz

Publicado el

Demanda de TikTok a Estados Unidos por la ley que exige su venta o prohibición

El anillo Oura —el dispositivo de seguimiento del sueño en forma de anillo que ha conseguido la base de usuarios más fiel del mercado de wearables de salud— está en el centro de una demanda colectiva presentada en San Francisco que acusa a la empresa de comercializar las fases del sueño que detecta como si fueran mediciones precisas cuando en realidad son estimaciones de IA con una fiabilidad cercana al azar.

La demanda, presentada esta semana según TheNextWeb, tiene un detalle de timing que añade presión a la empresa: Oura está preparando una salida a bolsa en EE.UU. con una valoración estimada de 11.000 millones de dólares, y la empresa matriz finlandesa está nombrada como codefendiente. Una demanda colectiva sobre las afirmaciones centrales de tu producto pocas semanas antes de un IPO es exactamente el tipo de noticia que los bancos de inversión no quieren ver.

¿Qué mide exactamente el anillo Oura?

El anillo Oura tiene sensores de fotopletismografía (PPG) —los mismos que en cualquier pulsera de fitness— que miden la frecuencia cardíaca y su variabilidad a través de la piel. También tiene un acelerómetro para detectar movimiento y temperatura corporal. Con esos datos, el sistema de IA de Oura calcula estimaciones de cuándo el usuario está en sueño ligero, sueño profundo o REM.

El problema que la demanda señala es que un anillo en el dedo no puede medir directamente las fases del sueño. La única forma de medir las fases del sueño con precisión clínica es la polisomnografía: un estudio de sueño en laboratorio con electrodos en el cuero cabelludo que miden directamente las ondas cerebrales (EEG). Lo que hace el anillo Oura es inferir las fases a partir de métricas indirectas —el ritmo cardíaco, el movimiento, la temperatura— usando un modelo de IA entrenado en datos de laboratorio.

La demanda argumenta que la exactitud de esa inferencia es equivalente a «cara o cruz»: que el sistema acierta aproximadamente el 50% de las veces al clasificar fases concretas del sueño, lo que coincide con lo que acertaría el azar. Oura no ha respondido públicamente a las acusaciones con detalle técnico.

¿Hay investigación independiente que respalde estas acusaciones?

Sí, aunque con matices. Estudios independientes publicados en revistas de medicina del sueño entre 2022 y 2024 han evaluado la precisión de los wearables de consumo para detectar fases del sueño y encontrado resultados mixtos. El consenso general es que los dispositivos comerciales son razonablemente precisos para detectar si el usuario está dormido o despierto (lo que se llama detección de vigilia-sueño), que es una tarea más simple. Para distinguir entre sueño ligero, profundo y REM, la precisión cae de forma significativa y varía entre dispositivos y entre individuos.

Oura ha publicado algunas validaciones internas y ha colaborado con investigadores en estudios, pero la independencia metodológica de esos estudios y si representan el rendimiento real de usuarios promedio es exactamente lo que la demanda cuestiona.

¿Qué implica esto para el mercado de wearables de salud?

El caso Oura es potencialmente el primero de varios. El mercado de dispositivos portátiles de salud ha crecido sobre la base de afirmaciones de precisión clínica para funciones que técnicamente son estimaciones estadísticas. Detectar la fibrilación auricular con un Apple Watch, medir la saturación de oxígeno con un Galaxy Watch, seguir las fases del sueño con un Fitbit: todos estos productos venden capacidades que tienen limitaciones técnicas significativas que el marketing rara vez menciona con la misma prominencia que los beneficios.

La FDA americana ha ido ampliando su marco regulatorio para dispositivos de salud digital, pero la frontera entre «gadget de bienestar» y «dispositivo médico» que requiere aprobación clínica sigue siendo ambigua y fácilmente explotable. Si la demanda contra Oura prospera, podría establecer un precedente que obligue a los fabricantes de wearables a ser más precisos en sus afirmaciones de marketing sobre exactitud clínica. El debate sobre la la reescritura del marco de seguridad de OpenAI tras el incidente del agente no se limita a los chatbots: aplica directamente a los dispositivos de salud que millones de personas llevan en la muñeca o en el dedo y en cuyos datos confían para decisiones sobre su bienestar. Los cuatro SDKs de publicidad en Android que comparten la ubicación exacta del usuario con brokers de datos por defecto son el ejemplo más reciente de sistemas de IA que recopilan más de lo que el usuario percibe: la misma dinámica que Oura aplica a datos de sueño. Y la guía de privacidad en redes sociales que documenta cómo las plataformas usan los datos de comportamiento recuerda que los wearables de salud son una superficie de extracción de datos igual de relevante que Instagram o TikTok, aunque sus usuarios raramente lo perciban así.

¿Qué alternativas existen para medir el sueño con más precisión?

Si los wearables de consumo no pueden medir las fases del sueño con precisión clínica, ¿cuáles son las alternativas? La polisomnografía completa en laboratorio es el estándar de oro pero requiere pasar una noche en una clínica con más de veinte electrodos pegados en el cuero cabelludo, cara, mentón y piernas. El coste es entre 1.500 y 3.000 euros y está cubierto por los sistemas de salud europeos cuando hay indicación clínica (sospecha de apnea del sueño, insomnio severo). Para uso doméstico, los sistemas de EEG portátil —como el Dreem, desarrollado por la startup francesa homónima— ofrecen medición de ondas cerebrales desde una diadema, lo que es mucho más preciso que un anillo en el dedo, aunque con restricciones prácticas (hay que llevarlo en la cabeza durante toda la noche). El propio colapso de Dreem como empresa de consumo —se convirtió en empresa de investigación clínica— ilustra que el mercado de wearables de sueño clínicamente precisos para consumidor masivo todavía no existe. La demanda contra Oura no va a crear ese mercado, pero podría forzar al sector a ser más honesto sobre lo que sus productos miden y lo que infieren. Para la mayoría de usuarios que quieren saber si duermen bien o mal, la información de dirección que ofrecen estos dispositivos —dormí mucho o poco, me desperté varias veces, la frecuencia cardíaca fue elevada— sigue siendo útil aunque no sea clínicamente precisa.