Europa apuesta por 200.000 millones en infraestructura de IA, pero el 75% de sus empresas dice que la que tiene no sirve

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Europa apuesta por 200.000 millones en infraestructura de IA, pero el 75% de sus empresas dice que la que tiene no sirve

La Unión Europea tiene un plan para competir en inteligencia artificial. Se llama InvestAI, fue presentado por Ursula von der Leyen en la Cumbre de Acción sobre IA de París, y moviliza 200.000 millones de euros, incluyendo un fondo específico de 20.000 millones destinado a construir gigafactorías de IA en territorio europeo. Se complementa con el AI Continent Action Plan, que prevé al menos 13 fábricas de IA para 2026, y con el futuro Cloud and AI Development Act, cuyo objetivo es triplicar la capacidad de los centros de datos europeos en los próximos cinco a siete años.

El plan es ambicioso. El problema es que la situación de partida es peor de lo que los comunicados de Bruselas suelen reconocer. Un informe de Nokia publicado en enero de 2026 encuestó a más de 1.000 directivos europeos responsables de inversiones en IA: el 84% incluye la IA en su estrategia de crecimiento, pero el 75% considera que la infraestructura actual limita su capacidad para ejecutar esas ambiciones. La columna vertebral digital del continente, según el propio informe, «no está preparada para la IA».

La tensión entre la narrativa política y la realidad técnica es el nudo central del debate sobre infraestructura IA en Europa en 2026.

El diagnóstico real: dependencia, fragmentación y energía

El problema europeo en IA no es de ideas ni de regulación —ahí Europa tiene incluso ventaja estratégica con el AI Act—. Es de infraestructura física: chips, centros de datos, modelos. Y en los tres frentes, la dependencia de actores externos es severa.

En chips, la realidad es que Europa sigue dependiendo de tecnología de fuera en semiconductores avanzados, con TSMC y los fabricantes americanos como proveedores esenciales a los que ninguna iniciativa europea ha podido reemplazar de forma significativa. El European Chips Act apunta a que Europa represente el 20% del mercado global de semiconductores para 2030, pero en 2026 el camino es largo.

En centros de datos, la energía es el mayor cuello de botella. El informe de Nokia identifica específicamente la energía eléctrica como la primera limitación de la infraestructura de IA en Europa: los modelos de IA generativa de última generación consumen enormes cantidades de electricidad, y los precios energéticos europeos son sistemáticamente más altos que en EE.UU. o en regiones de Asia donde los grandes operadores de infraestructura de IA tienen ventaja competitiva estructural.

En modelos de lenguaje, la situación es más matizada. La carrera es intensa: laboratorios chinos de código abierto ya superan a GPT-5.5 en benchmarks de codificación de primera línea, lo que hace más urgente que Europa construya capacidad propia de inferencia. Mistral AI, fundada en Francia en 2023, ha demostrado que Europa puede producir modelos de frontera, y el acuerdo marco del gobierno francés con Mistral para la adopción en instituciones públicas es un primer paso hacia la soberanía en IA generativa. Francia también anunció en mayo de 2026 una inversión de 11.600 millones de dólares (unos 10.900 millones de euros) en infraestructura de centros de datos para IA en territorio francés, la apuesta más agresiva de un solo estado miembro hasta la fecha.

España, por su parte, ha comprometido más de 430 millones de euros en IA, supercomputación y chips, incluyendo 300 millones para la Empresa Común Europea de Informática de Alto Rendimiento EuroHPC y 107 millones en Multiverse Computing, una empresa vasca especializada en compresión de modelos de IA mediante técnicas de redes tensoriales inspiradas en la cuántica.

El debate geopolítico que Bruselas no puede ignorar

La discusión sobre infraestructura de IA en Europa tiene una dimensión geopolítica que los inversores y las startups están tomando más en serio que los gobiernos. Quando Anthropic recibió en junio de 2026 una carta del Secretario de Comercio de EE.UU. que le ordenó restricciones de acceso, el impacto sobre empresas europeas que usaban sus modelos fue inmediato. Es un recordatorio de que la IA que se ejecuta en servidores americanos, bajo leyes americanas, es IA cuya disponibilidad puede cambiar por decisiones políticas en Washington.

El debate sobre los fallos de la supervisión humana de la IA que señaló Amazon tiene una dimensión especialmente relevante en Europa: si los sistemas críticos de gobernanza pública empiezan a depender de modelos que corren en infraestructura extranjera, la soberanía de las decisiones queda en entredicho. Esa es exactamente la razón por la que el AI Continent Action Plan y el Cloud and AI Development Act ponen tanto énfasis en construir capacidad en suelo europeo.

El proyecto EURO-3C, presentado en marzo de 2026 por Telefónica junto a la Comisión Europea y más de 70 entidades, propone una infraestructura soberana paneuropea que integra capacidades de telecomunicaciones, computación edge, cloud e IA bajo un modelo federado. Es la respuesta europea al problema de dependencia: no construir un equivalente europeo de AWS, sino una red distribuida que no tenga un único punto de fallo ni un único propietario extranjero.

Solo el 16,7% de las empresas europeas usaba IA en sus operaciones cotidianas en 2024, según datos de la propia Comisión. Ese número tiene que multiplicarse por seis para que Europa compita en igualdad de condiciones con EE.UU. o China. Llevar la inversión pública a 200.000 millones de euros es necesario. No es suficiente si la demanda corporativa no crece a la vez.

Llevo más de quince años siguiendo la política tecnológica europea, y el patrón que observo en InvestAI es familiar: buena arquitectura de la inversión pública, insuficiente atención al desarrollo de la demanda. El Cloud and AI Development Act puede triplicar la capacidad de los centros de datos europeos. Pero si el 75% de las empresas europeas siente que no sabe cómo usar lo que ya tiene, más infraestructura no resuelve el problema por sí sola.

Mi valoración

Lo que más me convence de la estrategia europea es el AI Act como ventaja competitiva. Paradójicamente, la regulación más estricta del mundo en IA puede convertirse en el sello de calidad que prefieran empresas globales que necesitan operar en mercados con exigencias de transparencia y seguridad altas. Los modelos entrenados y auditados bajo el AI Act tienen un valor añadido que hoy no se ha capitalizado suficientemente.

Lo que más me preocupa es la velocidad de ejecución. La historia de las grandes iniciativas de infraestructura digital europea —Gaia-X, el primer AI Act, las promesas sobre semiconductores— muestra que los plazos se alargan y los objetivos se revisan a la baja. InvestAI tiene que demostrar que 2026 marca el inicio de una ejecución real, no de un plan que se empieza a ejecutar en 2028.

Lo más estructuralmente significativo es el papel de la energía. Ninguna gigafactoría de IA puede funcionar sin acceso a energía abundante y barata. Los países europeos con mayor capacidad de energía renovable —España con solar, los países nórdicos con hidráulica— tienen una ventaja real en este punto que debería traducirse en localización preferente de centros de datos.

Mi predicción: en 2027, habrá al menos dos gigafactorías de IA operativas en Europa, Francia liderará en número de modelos soberanos y el debate no será si Europa puede competir sino cómo coordinar las capacidades nacionales que ya existan para que no se dupliquen esfuerzos.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente una gigafactoría de IA?

Es una instalación de computación a escala masiva diseñada específicamente para entrenar y desplegar modelos de IA complejos. La UE distingue entre las AI factories —infraestructura con un presupuesto de 10.000 millones de euros para el proyecto completo, destinadas a modelos de tamaño medio— y las gigafactorías, con 20.000 millones de euros para instalaciones capaces de entrenar los modelos más grandes del mundo. El objetivo es que Europa tenga capacidad para entrenar modelos en su propio suelo sin depender de AWS, Azure o Google Cloud.

¿Qué diferencia hay entre el AI Act y el Cloud and AI Development Act?

El AI Act, ya en vigor en 2026, regula cómo se pueden usar los sistemas de IA en Europa: establece categorías de riesgo, prohíbe ciertos usos (reconocimiento facial masivo en espacios públicos, por ejemplo) y exige transparencia para sistemas de alto riesgo. El Cloud and AI Development Act es una propuesta legislativa aún en proceso que se centra en la infraestructura: tiene como objetivo triplicar la capacidad de los centros de datos europeos, acelerar su despliegue y garantizar acceso a energía y recursos para su construcción.

¿Cómo puede una startup europea beneficiarse de InvestAI?

Las startups europeas pueden acceder a InvestAI principalmente a través de dos vías: el mecanismo InvestAI para estimular la inversión privada en proyectos de IA, y el acceso a las AI factories y los supercomputadores de EuroHPC, que ofrecen tiempo de computación a precios subsidiados para investigadores y empresas. El AI Continent Action Plan también incluye medidas específicas para pequeñas y medianas empresas, con acceso facilitado a datos de calidad y modelos de IA en las fábricas europeas.